Podría darte un saco de momentos.
Una casa llena de estancias, llenas a su vez de mí y de lo que te debo.
Estoy en calma y en paz.
Soy fiel a mi latir y al constante afán de quererte que he desarrollado.
Motitas marrones que flotan en un iris de sol y miel que me han hecho morirme tantas veces...
Arraigado a mi pecho y regalándome lunas si hace falta.
Dibujas.
Disipas la niebla y me abrazas.
Así es como tú haces las cosas, no es por bien y mal, sino porque a tu manera es como las quiero, con tu olor y con tu piel.
Vestidas de ti y salpicadas con tus manos.
Te dejaría matarme para que volvieses a traerme a tu mundo, amarrarme a tu cintura y colgarme de tus labios. Dormiría sobre tu lengua y me bañaría en tus ojos, escalaría tu espalda como un deporte de riesgo, para al fin darle mi corazón a tus oídos y caerme rendida en tu pecho.
Quédate en mí.
Y déjame quedarme contigo.
Lo blanco que hay en ti y que me concede color.
Lo que hay en ti y que no puede haber más si no lo englobas tu.