Nota para mí.

caleidoscopio.



Paz no encuentro ni puedo hacer la guerra,
y ardo y soy hielo; y temo y todo aplazo;
y vuelo sobre el cielo y yazgo en tierra;
y nada aprieto y todo el mundo abrazo.

Petrarca.

martes

Mi vida es mía y mi ciudad, también.

Mi pájaro de alas de alambre emprende el vuelo y me araña el alma.
No se ha limado los cantos, no alimenta a sus crias.
Me agarra firmemente y me mantiene fija sobre la ciudad, que parece un gofre relleno de chocolate y devorado por las hormigas. Me va a soltar ahí, en la nutrición de los insectos, y yo me aferro a sus plumas de cenizas en el aire. Le digo que si me suelta, que me deje caer dignamente, pero que se lleve mis ojos, tengo la teoría de que los ojos ven cuando están arrancados, pero ven como la lluvia que cae del cielo, que cae por un motivo que no es dar la vida al campo, y cada primavera tras el invierno crece la vida de verde y miscelánea, y ver siempre el cielo, darle forma al aire, era mejor que ver crecer el suelo. ¿Está mi pájaro enfadado conmigo? ¿Tal vez con ese rebosante pastelito de hormigas? Parecía tan grande antes de la invasión, parecía tan lleno de riquezas, limpio e impío, hasta brillante, y luego la naturaleza.
Me hundo en él.
¿Están esas hormigas compartiendo o arrebatando?
Qué difícil saberlo desde el aire. Yo no necesito ese hojaldre de compasión o ese río cremoso de egoísmo. Tengo a mi pájaro, que me da la vida porque me agarra con sus garras y no porque me lleve sobre el lomo.
Todo está agotándose, en un reloj de arena, se arremolinan los sonidos entre los cristales, ruídos, luces que no encendemos, humo, mucho humo entre las calles y entre las personas. Estructuras materializadas desafiantes, cárceles decoradas y números que hacen que el tiempo pueda meterse dentro de una chapa de botella que colocamos alrededor de nuestras muñecas, el tiempo no son números, agujas ni circunferencias, porque el tiempo no es cíclico, el tiempo te abandona, pero el aire...
¿Qué aire?
Yo vivo de impulsos.
Mi pájaro está enfadado conmigo.
Dice que cómo tengo la poca vergüenza de comparar a este descastado mundo con un dulce de chocolate, y a la imperturbable humanidad destructiva con una colonia de hormigas obreras.
Pájaro, pajarito mío, titán de plumas, dios de tragedia griega, plaga de la verdad...
cómetelos a todos.