Ella determina.
Sus talones y la monotonía de un círculo.
Ella determina.
Diecinueve mujeres en su interior
La engullen desde el tálamo,
Le hablan de la espuma del mar
Y ella muerde sus rodillas con el reproche de la espera.
La sal en ella
Afila su cuerpo
Su estatua ausente
Una deidad de la desmemoria
Sentada en una orilla
Aleatoria
Llena de voces de tierra mojada
Voces rocosas y alientos fríos.
Pesadez incorpórea.
Diecinueve cristales de sal
Para diecinueve trozos de carne,
Y la incesante levedad
A la que nos somete un tiempo atrapado y
Moribundo entre los pliegues de piel
que le petrifican los talones
A una diosa en el templo de la soledad impuesta.
A una diosa [des]glorificada.
Sus talones y la monotonía de un círculo.
Ella determina.
Diecinueve mujeres en su interior
La engullen desde el tálamo,
Le hablan de la espuma del mar
Y ella muerde sus rodillas con el reproche de la espera.
La sal en ella
Afila su cuerpo
Su estatua ausente
Una deidad de la desmemoria
Sentada en una orilla
Aleatoria
Llena de voces de tierra mojada
Voces rocosas y alientos fríos.
Pesadez incorpórea.
Diecinueve cristales de sal
Para diecinueve trozos de carne,
Y la incesante levedad
A la que nos somete un tiempo atrapado y
Moribundo entre los pliegues de piel
que le petrifican los talones
A una diosa en el templo de la soledad impuesta.
A una diosa [des]glorificada.
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