Nota para mí.

caleidoscopio.



Paz no encuentro ni puedo hacer la guerra,
y ardo y soy hielo; y temo y todo aplazo;
y vuelo sobre el cielo y yazgo en tierra;
y nada aprieto y todo el mundo abrazo.

Petrarca.

domingo

Arbor, -ŏris

Dicen que una sílaba, que un momento incipiente y ferozmente finito, que un amago de verso y de mirada, dicen que tan bella, que tan guapa, que discurre y nunca ocurre, que se viste de soles, de lunas, de vida y de muerte, que la ven caminar lento cuando aún es de color verde y correr desesperada cuando su fruto suelta jugo. Yo aún la defino con silencio porque temo matar su clorofila con un nombre que la manche de humo, que la ensucie y la desdeñe, yo no la quiero nombrar ni mirar a la cara, porque viaja dentro de mí y en derredor, nunca de frente. El día que me enfoque mientras la enfoque yo a ella, el día en que los adornos, y los susurros, y las canciones, se hagan de tierra y polvo tardío, yo diré tal vez qué forma tiene, cómo suena su voz o a qué huelen sus suspiros, pero jamás la limitaré bajo una etiqueta indigna, falsa y terca.
No.
A lo que vosotros llamáis vida, yo no la bautizo porque nunca fue mía, como a un gato callejero herido, acogerla tal vez, alimentarla, recomponerla, darle de mí, una sombra al sol y un poco de agua, esperando que un día se vaya, y ni si quiera me de las gracias ni archive mis inquietudes en el historial de sus crímenes.

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