La observó
vez primera,
noche de entes,
frío abismal,
su negrura en el
cuerpo brillaba
sobre sus piernas
arcoíris.
La imaginó sin
maquillaje,
sin ropa,
sin las manos
sucias,
la imaginó a ella.
La tocó
con los dedos
de la mente.
Se congeló tan fuerte,
se decrepitó,
se adherió su calor
a sus gélidos pasos,
enloqueció dentro
de su abrigo.
Los ojos más negros
nunca vistos
(por dentro y
por fuera)
cortaban las miradas
que se cruzaban
en su trazo.
Se volvió loco,
con las dos manos.
Por qué unos ojos tan negros,
acompañaban a una sonrisa
diseñada para
explicar el mundo.
Contó los pasos
que tardaba en articular
de un rincón a otro
del lugar.
La interceptó puerilmente.
Sangró azul
todos los días
de su luminosa vida.
*

qué bonito escribes, debes llevarlo innato, de tiempos ascentrales, aún cuando ni siquiera lo sabías, eres peculiar, y haces que se tenga que leer dos veces, o tres, pero qué bonito. Enhorabuena.
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