Lluvia extraña
entra por mis catástrofes
hasta anegar
las horas.
Vuelve a sonar
la música cansada.
Sorda.
Cerrada.
Putrefacta.
La ciudad de corcho
supura aguas negras.
Qué sensación
de barro,
de sucia adherencia
a la superficie dura.
Un corazón seco
deshojando un latido
tras otro
como las flores
de un muerto olvidado
resaltan ese marco
de desamparo necesario.
Olvidar para recordar
olvidar por capricho.
Olvidar con humo,
con veneno;
el agua mata:
ahoga.
Regenera por
asesinato.
Una nueva muerte
oxigenada y resbaladiza.
Me preguntan los niños
"-¿cómo hacer
con las palabras?"
"-Retorcerlas" contesto.
Mastico el sonido
de una sentencia.
Cómo hacer con las
palabras...
cómo hacer con las
manos...
Hacer es nada.
Destruir y crear.
Mato una palabra
asfixiada entre
mis labios.
Nace otra
con otro cuerpo y otra
cara
en el precipicio del
entendimiento ajeno.
Entonces el silencio.
Nadie nunca sabe
nada
de gatos persas.
*

