Nota para mí.

caleidoscopio.



Paz no encuentro ni puedo hacer la guerra,
y ardo y soy hielo; y temo y todo aplazo;
y vuelo sobre el cielo y yazgo en tierra;
y nada aprieto y todo el mundo abrazo.

Petrarca.

lunes

Donante

El tiempo que parece uno, trenzándose en la forma de un recuerdo único.
¿Qué se queda en mí? ¿Qué vivirá y morirá conmigo?
Me hará ser la única sombra sobre el suelo, el único aroma desprendido de mi cuello. ¿Cómo debo distinguirme? ¿Debo, acaso?
Dos, tres, treinta, cien tiempos de mi vida, prolíficos y extremos, y todos pareciendo uno; se omiten, se recrean. Parezco una historieta de revista de corazón. Recuerdos, sucesos, a no tomar en serio. Siento que los tiempos de mi vida son una pelota que flota en el agua sobre la que yo intento incesablemente mantener el equilibrio. No puede ser. Tragar tanta agua a la vez. Tengo el mundo muy adentro, y peleamos juntos por ver quién se alimentará de quién.
No se trata de tristeza. A veces ni siquiera me instalo en la melancolía. Sólo me separo, me lleno de esquinas, y provoco una suerte de comienzo cada vez. Pero no me quedan nombres para más calles, ni tengo caras desconocidas con que llenarlas. Reconstruír la mía cada mañana ya se me antoja una guerra púnica. Siempre contra algo que no existe o algo que mana de mí (sinónimo de la inexistencia en sí).
Debo, debo, debo. Entonces bebo. y fumo. Y lo ignoro todo, porque todo penetra en mi retina sin dejar espacio para nada más. Qué irónico. Cansada de ver que no veo nada.

*