Nota para mí.

caleidoscopio.



Paz no encuentro ni puedo hacer la guerra,
y ardo y soy hielo; y temo y todo aplazo;
y vuelo sobre el cielo y yazgo en tierra;
y nada aprieto y todo el mundo abrazo.

Petrarca.

lunes

'Barking'

No existe un método más infalible para comprender las palabras que el de utilizarlas. Desde el preciso instante en el que afloran a la mente, hasta que decides producirlas, y hasta que finalmente las produces...desde la conciencia o desde la inconsciencia. Aunque seas tu su dueño, o lo sean las malas palpitaciones de los impulsos. Aquellas palabras que no quieres decir, aquellas que se te ocurren y se te antojan tan atrevidas que intentas sustituírlas por otras más suaves que acaban finalmente desechadas porque descubres que en tu mensaje no hay lugar para la suavidad. Existen las palabras que te cambian la vida, y las que no. Las que te definen y las que utilizas para definir. En una selva de empleo y desempleo del habla oyes gritos y voces por doquier, el único fallo de esta belleza reside en la explotación. El fallo de lo bello de no ser bello, el devenir de palabras asemánticas, amontonadas, como amontona la gente los libros que no sabe leer. Apiladas y olvidadas de sí mismas, hasta perder su estructura, hasta vulgarizarse, hasta no ser nada. Y así se transforman las verdades en mentiras y los días en las noches, gradual y progresivamente, perdiendo y olvidandose lo que significa un signo, un guiño, y una palabra. Lo poco que quedaba de humanidad en un pecho, los posos del café que un día estuvo recién hecho. Y tenemos diccionarios, tenemos enciclopedias, tenemos libros llenos, repletos de palabras...pero nadie es capáz de afinar el oído para escuchar lo que no se oye, así como el padre de un hijo que abandona a su primogénito enmedio de la nada hemos abandonado nuestra creación más bella y la hemos lanzado con todas nuestras fuerzas al olvido. Es estremecedor tener oídos para escuchar y ojos para leer, ¿cuándo hemos vendido el alma? ¿dónde hemos dejado nuestra reseña? No la volveremos a encontrar, pues la cualidad innata que se pierde ya jamás vuelve y jamás brilla. Insultos, asedios, engaños, burlas, negro. Así pasito a pasito matamos con la voz lo que un día avivamos con la mente, rompiendo el respeto, desgastando la confianza, e invocando a la mentira. En estos tiempos que vuelan quien presuma de poseer facilidad de palabra es un muerto sin vida, hace muchos, muchos años que los humanos hemos perdido la capacidad del habla para haber desarrollado la capacidad del balbuceo.

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