Nota para mí.

caleidoscopio.



Paz no encuentro ni puedo hacer la guerra,
y ardo y soy hielo; y temo y todo aplazo;
y vuelo sobre el cielo y yazgo en tierra;
y nada aprieto y todo el mundo abrazo.

Petrarca.

domingo

Vertiginosamente alzar el vuelo.

Levantando los pies del suelo se quebranta el vértigo, como todos los días el olor a café y el mohín en los ojos, y caminar hacia el encargo, sintiendo ese vértigo, en pié sobre el aire que se ríe y se hace espeso. Ella olía a asfalto y a locales de antro, pero siempre tuvo mal equilibrio a pesar de su particular visión del mundo. De todo lo tomado en sus manos había, al menos, algo que se rompía y ella se empeñaba en conservar, lo ponía bajo su manto de redención y lo observaba durar en una línea transversal en el tiempo, -como ya está roto-decía-no tiene más utilidad que la de ocupar un lugar en el espacio y el recuerdo. Nunca comía caramelos de color verde, decía que ese era su color y creía que era una traición succionarles puerilmente la luz por un sabor artificial. Tanta perplejidad en los ojos le servía para asustarse de sí misma, conocía y manipulaba ese conocimiento, se conocía tanto como conocía a un transeúnte que vaga por la cera de enfrente, un(a) absoluto(a) desconocido(a).
Decía, también, que lo justo y necesario sería que su primer y único apellido fuese el de "Vértigo", y que no debía tener un segundo apellido porque consideraba que segundos nombres y segundos apellidos eran, congruentemente, una mera redundancia de sí misma en su tarjeta de identificación personal. Y ella no quería reiterarse, quería caducar y durar un exhalo cuando alguien la nombrara, no quería relamer las lenguas de nadie, ni que las lenguas de nadie babearan su identidad.
Tenía vértigo de sí, por eso levantaba los pies del suelo y a veces no era capáz de oir la tierra.





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