Perdido el tiempo en comas eternas, la
realidad se vuelve tan leve como una pluma y pasa a un segundo plano. Lo
que llamaré ahora "primera realidad" entiende el tiempo tan extenso que
no se mide por ninguna entidad numérica que lo clasifique en tarde o
temprano. El siguiente paso está en percibir de forma indiferente o,
sencillamente no percibir de forma que resulte relevante al desarrollo
del tiempo (no existen los días ya que son una unidad de medida temporal artificial y meramente conceptual) la
transición migratoria de la luz de un lado a otro de la tierra.
Seguidamente el cuerpo se va agrietando y oscureciendo, los globos
oculares arden y se cierran con un deje de autosuficiencia que a veces
puede inquietar al individuo, pero de nuevo nuestro ilimitable e
incalculable factor tiempo nos suaviza y acogemos las reacciones
corporales en consecuencia de la falta de medida del tiempo como el
comportamiento natural de vísceras y órganos inalterados. El insomnio es
una especie de mala hierba que invade un terreno y anula al tiempo
aunque a su vez lo acentúa, me atrapa la ignorancia si me pregunto de
qué se alimenta, pero voy asimilando qué es lo que consume.

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