Desaliento del cuerpo,
en la lucha en contra
no hay
no queda
desgaste.
Yo me coloco
puerilmente entre el sol
y el horizonte
y me quemo las manos
y destrozo mis huesos
pero el sol se hunde en el horizonte
y se va
y lo veo ir
y llega el punto de luz que brilla por su ausencia
y ya no hay mas <y> griega que valga
porque nada se añade
porque es final
como todo está ordenado
por ese ciclo del que Siddharta no escapa
y lo que había sido amor
se reencarnará en garganta
y en nudos
hasta que ello también se disuelva.
Tus brazos algún dia serán de la tierra
Mi anhelo se deshilará por otro nombre
y tu huella y tu recuerdo
seran una huella y un recuerdo
y ya no quemarán.
Los ojos cerrados en un corazón
que no latió nunca
aunque su brillo así me lo transmitió,
nunca latió
ni por mí ni por ninguna estrella
porque su cielo es oscuro
y en él siempre se pone el sol.
Yo miraba a los ojos,
los ojos no me veían
primero me sentí translúcida,
luego me sentí tan real
que hasta podía
atrapar pájaros
con las manos, como notar
el viento en los oídos
en una orilla de una playa un día de invierno.
Luego de ser translúcida,
así, fui real,
y vi que los ojos tampoco me veían
porque ellos eran los no reales
porque estaban cerrados sin párpados
su brillo se perdió en mi anábasis
y se mezclo con mi despertar
y ahora que ya no era yo translúcida
que lo era todo ante mis ojos
ví, entendí y marché
en mi mente ya me marchaba
y de la catábasis en la que me sumía
me escapaba quedamente
y todo parecía tan inteligible
que vi la dificultad y los hechos
de que la palabra que definía
todo cuanto aquí ronda
era
meramente
nada.

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