Nota para mí.

caleidoscopio.



Paz no encuentro ni puedo hacer la guerra,
y ardo y soy hielo; y temo y todo aplazo;
y vuelo sobre el cielo y yazgo en tierra;
y nada aprieto y todo el mundo abrazo.

Petrarca.

viernes

non locatio.

Como educar a un niño
educar el dolor.
Entrenarse,
estrenarse...alguna vez estrenarse,
saltar al mar,
no caminar
saltar
y sentir que mi cuerpo
rompe otro cuerpo
para encerrarse dentro de él,
aguantar la respiración
eternamente aguantar la respiración
y buscar mucho. Los años buscando.
Recoger pedazos, mendigar minucias
y utilizar la colecta
usarla
prostituir el orgullo
usar, romper, usar
para proteger
lo que no tiene nada
que proteger
lo que se vuelve contra mí,
lo desnombrado
lo descontrolado
lo indefinido.
Juega conmigo
en secreto
a que yo crea
moldear
y de repente el mar.
Mar incontenible,
mar reiterando
lejos de la forma
tan lejos que invisibiliza
todo lo que veo cuando rotan mis talones.
Hacia el retroceso;
y mi pupila se agranda
y mi vello se eriza
porque me he quedado
ciega
y tanteo
a tientas
tanteo
entrecortadamente
discontinuamente
y busco la forma de nuevo
en medio de la oscuridad
tanteo
¿qué forma?
"la forma"
me digo a mí misma,
tanteo
"la que siempre ví"
me enredo en mí misma.

Y un día la forma vuelve.

La forma un día,
y ya ví
que no veía
que nunca veia,
como no veía ahora
que la forma estaba truncada en el silencio,
su asistencia parpadea,
yo grito que la amo, a la forma, la amo
y la silencio para siempre;
su intermitencia estaba matando
lo poco que mi ceguera había dejado vivo.

Y los cuerpos se rompen, se dividen y se deforman, nacen otros cuerpos, cuerpos que se unen y se separan, se parasitan y se desdeñan después, cuerpos contaminantes, entrecruzados. Y en el último segundo cuerpos independientes.
  

jueves

Varadero

Ella determina.
Sus talones y la monotonía de un círculo.
Ella determina.
Diecinueve mujeres en su interior
La engullen desde el tálamo,
Le hablan de la espuma del mar
Y ella muerde sus rodillas con el reproche de la espera.
La sal en ella
Afila su cuerpo
Su estatua ausente
Una deidad de la desmemoria
Sentada en una orilla
Aleatoria
Llena de voces de tierra mojada
Voces rocosas y alientos fríos.
Pesadez incorpórea.
Diecinueve cristales de sal
Para diecinueve trozos de carne,
Y la incesante levedad
A la que nos somete un tiempo atrapado y
Moribundo entre los pliegues de piel
que le petrifican los talones
A una diosa en el templo de la soledad impuesta.
A una diosa [des]glorificada.