Un cristal en el ojo.
Los edificios de la ciudad de piedra gris escenografían la segmentación vital de los sucesos que guardo en este abrigo asediado por un frío que no es terrenal, un frío que serpentea en las venas. Los edificios tienen su rostro, en las ventanas oscuras y en las iluminadas, los retazos de una expresión que despierta en la noche a las brujas de la desidia. Inercia facial. Yo no me resisto al paso ligero, dentro de mí hay aire y humo, y como una bolsa sucia floto, y me cubre la dermis sintética, encallecida, mi piel de dos caras, la del calor que la funde con mi entorno, y la del frio que la agrieta adheriéndola a mis costillas. Las venas gusano devoran mi vitalidad, la luz de los ojos brilla, fielmente al modo en que "la belleza está en los ojos del que mira". Alguien como yo que conoce la sal habló y calló al mundo hipócrita. La belleza. ¿La belleza?. Yo veo, sin más, belleza en la destrucción. Donde la belleza se ha destruído, la destrucción es resurrección a la belleza, y se crea, y se cree, y se reduce y se magnifica. Y nuevo es todo a los ojos de aquél de vista cansada. Y bello es lo misterioso, y lo desconocido, y en el estómago todo se reúne y mueve al cuerpo. Y la belleza es sola sin vestimenta belleza atribuída, belleza asignada, belleza dormida y pasiva. La ciudad de piedra gris reflejada en los cristales del movimiento urbano. La veo deformarse, en los espejos, en la realidad desprotegida de la verdad de que no es nada, nunca, real, en el seno de un mundo que simula, simula, ciudad teatro. Ciudad solapada del que la mira con los ojos de la mente. Yo no se de historias tristes ya, yo no asigno, no se de la felicidad, no se de lo que imponen que debe calificarse de un modo u otro. No me interesa saber. No saber, si está condicionado uno a saber lo que le permiten. Quiero derribar la ciudad de piedra gris, quiero quemarla, con toda la artillería de la ficción que lleva dentro. Ver morir a la muerte. Ver morir, un día tras otro, a esta ciudad muerta, lánguida, abstemia de la verdad. ¿La verdad?.
La verdad es la recurrente mentira piadosa. Mi verdad es la mía. Y yo lo se, yo, la que no quiere saber, sabe, y se retuerce, sobre un montículo de arena seca desprendiéndose de sí, moviéndose sobre sí misma, la que no quiere saber, sabe, y explota la roca, llueve el fuego, mi piel se prende, y ardo, ardo para siempre en este deseo de ver volar a mis pájaros lejos de esta jaula de piedra gris demarcada por papeles firmados y descuidos sociales. La corrección, la soga del que sabe, que la corrección, como esta ciudad de piedra gris, como sus ventanas, como su rostro, la belleza, la destrucción, la muerte y su vida, y también su muerte, como todo, que todo es, a grandes rasgos nada, no existe.
Nada nunca nada, solo gatos en los tejados, y el tiempo húmedo en las fosas nasales.

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