Nota para mí.

caleidoscopio.



Paz no encuentro ni puedo hacer la guerra,
y ardo y soy hielo; y temo y todo aplazo;
y vuelo sobre el cielo y yazgo en tierra;
y nada aprieto y todo el mundo abrazo.

Petrarca.

jueves

Una vela en la mañana.

Yo cojo el tiempo, lo vuelvo húmedo, lo respiro y lo hastío. La humedad de la que hablo, la que yo respiro, se amasa en mi nariz y me sube hasta los ojos, y el tiempo es entonces una isla sobre un aire [húmedo], isla sola, isla ahogada. Sola yo. Sola con el tiempo, con la isla. Sola ahora, sí, sola. Sola como respiro, como necesidad. El vértigo ahora es más que yo, hasta me mira a la cara. Yo desciendo con el paso más lento cada vez por el caracol metálico de mis insistencias, ya no exijo más. Ahora no encuentro atractivo alguno a esas alturas, donde mi control sobre todo está reducido a la ligereza de las plumas. Las plumas y el viento. Yo. Ella. La mujer. La niña. Yo entre la gente que se mueve. Sola para ser, para ser sin más, para la sencillez. Ahora buscar es un verbo para el egoísmo. Mi rostro se ha curvado muchas veces, me he mirado las manos todos los días, a todas horas, y todo se formaba solo, yo no hacía ni deshacía, y yo miraba. Mis manos. Las inútiles. Mis manos. Mirar es necesario, aunque se mire a donde no se debe, mirar para ver(me, te, le, nos...). Mirar para ver que no me muevo.
Mirar al sol para ver que al final es blanco. La desgana del ciego en la mirada. Y repentinamente, creo verme única y sin más con mi soledad, esa que es conmigo, cubriendo las paredes de su castillo de azul. Azul y azul. Sola no. Sola nunca, una quiere y nunca puede estar sola. Esta siempre con su cabeza y con sus actos, con sus no-actos, con las palabras que dice y con las que piensa, sobre todo con las que piensa. Con las palabras que oye y con las que imagina oír, sobre todo con las que imagina oír.
Pero hago lo que está en mi garganta, en mi cabeza, cabeza de pecera, peces de mala memoria...ahora no esbozo nada, con mis dedos, floto en un espacio sórdido y sin gravedad, el silencio en la incapacidad. Dónde estoy. Dónde está. Qué. Con mis pinceles de la esterilidad estoy borrando mi figura, los pinceles de la pintura de la luz del sol, del blanco, el blanco sobre el blanco no habla de nada, solo habla en la mente del que sólo ve colores. Donde están mis colores.
En mis ojos bicolores.
En mi esternón.
En un hueso duro, calado y enfermo.


No hay comentarios:

Publicar un comentario