Nota para mí.

caleidoscopio.



Paz no encuentro ni puedo hacer la guerra,
y ardo y soy hielo; y temo y todo aplazo;
y vuelo sobre el cielo y yazgo en tierra;
y nada aprieto y todo el mundo abrazo.

Petrarca.

domingo

¿?

Un papel se arruga con la voluntad de una mano; así también se arruga un gesto y una palabra mal enviada. Las arrugas albergan resíduos de una planicie deseada, evaporada en la mirada. De qué me sirve, digo yo, perder tanto tiempo entre los libros, lo que me están contando me abren al mundo o me encierran en un ambiente que no existe. Hay algo que esperar o alguna doctrina o filosofía que aplicar a algo establecido. Estoy haciendo el ridículo ante la rueda del tiempo. Arrugo mi rostro como arrugo mis palabras y los papeles que nunca decido conservar. Es estúpido verme así, tan desprovista de todo y empleando mi tiempo en el paso de las páginas. Es placer pero con algún fruto, me digo. Me digo que no a todo, que no. Que estar de brazos cruzados es lo mismo que sostener los libros en mi regazo. Cartas en el asunto. Cumplir con lo previsto. Ver una gota de agua pegada en el cristal. Todo está a merced de la observación. Entonces todo está tan parado como los ojos de quien no tiene tiempo. Bueno. No lo sé.
Como siempre me sucede, no lo sé. Nunca puedo, a pesar de mis intentos, llegar a saber nada.


Especias.

 "Una pequeña certeza."


*


Un día azul suspiré sobre tu clavícula izquierda; la del pájaro, la del corazón ciruela. Lamí tus dedos como si fueran los que me aproximaron al festín de mi alegría; de un sórdido ruido de gentes aglomeradas dentro de mi pecho, como una fiesta estival, como el alboroto de un pueblo; nada concreto salvo un cántico risueño, una felicidad atolondrada e intantil. Me coloreabas la zona blanca de la mirada con la zona parda de la tuya. Yo me reía mucho, fruto de la efervescencia de mi tan intantil y nerviosa felicidad. Dibujamos, mucho. Dábamos forma. Forma de nada a nada; para poder intuírla después. Es agradable el olor de tu cuello al compás de la lluvia de la noche. Me sonrío hacia adentro, y pienso que el gotelé de tus paredes simula las perfectas imperfecciones de la piel que cubre la vuluptuosidad de tus huesos y músculos que a su vez se agitan con la vibración de una voz de presencia, de tu virilidad pueril, tan tuya como mía como visible e imperceptible a la vez en el resto del mundo, el cuadro entre los cuadros en la sala entre las salas del museo entre los museos de las ciudades, de los países, de la tierra. Mi barco de velas grandes. Yo frente al torrente de tu esencia, sobre la sábana más larga del mundo.


 *