Nota para mí.

caleidoscopio.



Paz no encuentro ni puedo hacer la guerra,
y ardo y soy hielo; y temo y todo aplazo;
y vuelo sobre el cielo y yazgo en tierra;
y nada aprieto y todo el mundo abrazo.

Petrarca.

lunes

La inmaculada

Bajo un póstigo trémulo
un rostro plegado
las manos cenicientas
y el pecho arrugado
flanqueado por dos
ríos de plata
nacidos en la cáscara de la mente.
Sus ojos como dos lagos
canadienses
la voz como un carruaje robusto
sobre un camino de albero.
La sangre suya
en el cuerpo ajeno.
-Pierda cuidado, forastero-
solloza la vernácula
del ser que vive- no es usted
tan de lejos como cree,
su lecho yace donde todos
leemos la vida.
-Pierdo cuidado, negra blancura,
simiente de la vida-responde
el forastero- la amo tanto
como amo la brisa marina,
como amo el sol
en mi tez masculina,
como amo a la sal
recreando en mis pliegues
su salina,
a la salida del campo,
donde la ciudad calcina,
allí a usted la encuentro,
ajena a la prisa,
es por eso que la amo
señora de resplandecientes ruinas,
porque usted a la puerta nunca llama,
castiza analogía del aliento,
usted siempre, tardía,
por la esquina del sosiego se avecina. 
La anciana que sonríe,
calmadamente retorna sus pasos
y su torso mira al forastero
susurrando a la par del viento
"somos compañeros".

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