Nota para mí.

caleidoscopio.



Paz no encuentro ni puedo hacer la guerra,
y ardo y soy hielo; y temo y todo aplazo;
y vuelo sobre el cielo y yazgo en tierra;
y nada aprieto y todo el mundo abrazo.

Petrarca.

domingo

De un sueño que no rima

Maté a dos
con poco en claro
por la suerte viva.
Decíanse los gusanos
que la carne en culpa
se corrompe con menos presura
y por las lindes
galopaban
barriga en tierra
con licor derramando
por colmillos algodonados.
Despierto en blanco
con una estepa por lengua
y me digo que me extraña
la claridad imaginaria
que caracteriza mis sueños
en las noches más insignes.
Los muritos que me alcoban
me miran semiafligidos
casi con esa curiosidad
de ciencia loca
y malsana inquietud
de telaraña,
de vísceras a borbotones
por ojos sonrientemente oscuros.
Yo desatino un poco
fecunda de la oscuridad
y aprecio que
cuanto más miro al norte
más desangra la blanca pintura
sobre los embarazados muros
como ríos muertos,
a menos vida
más precoces mueren (viven).
Sulfuran mis miembros
y articulaciones.
Arriba me hallo
lejos del reposo
como un autómata; hacia la ventana,
grito a un paño húmedo y empostillado
sobre mi mundo,
que me asfixia la humedad
que arroja sobre mí
que cae como polvo de huesos
que reposa sobre maderas solemnes
que me vienen a enmohecer los ojos
que vienen ya,
que vienen,
que me siento y los contemplo,
que con la presteza de todo mi tiempo
alojo un círculo de fuego
dentro del mar de mis esfuerzos
para ver surgir el busto
de un león candente
sobre la marquesina de mis edificios
colindantes,
sumiendo en muerte blanca
la noche vívida y soez
arrojando una nube
que no por ser nube
y ser lechosa,
y brillar con matices luciérnagos
hace más clara ninguna de las escenas
que estos ojos corrientes y planos
estan obligados a ver 
desde el silencio de las estrellas,
desde el ruido de los azules. 

*


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