Nota para mí.

caleidoscopio.



Paz no encuentro ni puedo hacer la guerra,
y ardo y soy hielo; y temo y todo aplazo;
y vuelo sobre el cielo y yazgo en tierra;
y nada aprieto y todo el mundo abrazo.

Petrarca.

lunes

Leve manifestación; queja del paradero.

Vine al mundo a ver que había; con mi indulgencia avasallada. Vine al mundo por decir adiós. Digo adiós con la misma cotidianeidad que digo buenos días o miro un reloj. Estar a tientas a madrugadas de fresa perdidas en una laguna de sol. La luz no entra en tus ojos, sale de ellos. Yo diciendo adiós; como mirar la Mona Lisa, yo, el simio plano, veo que tu tienes manos de querer abrazar el mar, y veo que se liquidan, licuando un corazón contento, ¿contento? caminante. Los ojos son casi como los pies del alma, los cayos del cuerpo se fermentan en la mirada. Pero no me importa una pérdida de equilibrio si nunca supe andar sobre las cuerdas de mi vida. Yo veo mientras pierdo el sentido de tu luz, como se desquitan los colores de los cuadros tras la pupila de un ciego, el ruido del corazón callado bajo el claxon de un automóvil. Es la ligereza, la presura, lo que me asusta. La ligereza de las palabras no es el sujeto; la ligereza del impulso del corazón. No podemos juzgarnos, ni a uno mismo, ni el uno al otro; somos un producto de la sensibilidad, la seda en la palma de las manos. Hundir como una Amèlie los dedos en un saco de judías duras, ver el frío sopesándose en la epidermis y en el nervio. Yo quiero abarcar(te) y perder pie en una altura que me desboca. Desembocan entonces, las caídas en cadena, la crudeza. Estar sentados sumidos en lo que cubre el campo de visión del otro. Sentir que tu mirada me inunda es una tendencia a lo esquivo; esquiva el humano cuando no comprende, cuando tiene miedo. El miedo; producto de lo negativo, sentencia incierta. El miedo a la incertidumbre, el miedo a la mentira, la mentira de la confusión, la mentira de las malas intenciones. La mentira de la indecisión. Quieres ver el hormiguero, este país desolado, esta casa sin tejado. Quieres ver, ¿no es así? Quiero verte.
Di adiós.
Para venir al mundo.
Después nos juzgaremos, lameremos la desidia piel con piel, oiremos los llantos, los prejuicios, y estaremos lejos, lejos, lejos.
Lejos en el mundo.
Yo también tengo; entiendo de cadáveres en el armario.

viernes

Instructio

Mire con delicadeza -pues sino la magia se esfuma- la sensación ósea que deja la ausencia. Mire como se estrella su corazón, con huesos pequeños, diminutos, como el interior de una sandía. La ausencia. Qué traje tan solemne. Parece un huracán lejano, un monzón del pasado; el olor especial de una casa ajena también es ausencia. Una mirada clavada hacia el exterior de una fotografía. Oiga como su venenosa sutileza convierte el silencio en un ruido ofensivo, un chirrido maleducado, semejante al mar de aire que se oye dentro de las caracolas, pero malsonante y descarado. Note con sus manos la ausencia física, note la vertiginosa y kilométrica amplitud. Nótese a usted y a la espesura "nadina" que le abraza, que le invade la piel y le quema en los ojos.
Note y palpe; la nada masiva y multitudinaria. "Nadas" de todas las formas y sabores. Note y sienta estar solo en una habitación, y no confunda nunca la ausencia con la soledad, porque la soledad es sensorial, y hasta emotiva, pero la ausencia juega con la cordura y los estados del alma, y puede ser una amante peligrosa y deliciosamente adictiva.

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