La danza anual
de la sexualidad de las
flores.
Y yo tan serena,
como si su fuerza
emergiese de mí.
Devotas de la luz
se fugan con la tristeza
y vuelven a embarazar
el suelo sobrio
y seco
de donde sacan la vida
de piedra y hoja
y se plantan ahí
a ser espectadoras
de su exposición.
Y yo tan fatua
que parece que me desenrede
como un nudo de piel
muerta,
mientras el mundo
canta y baila
y pregona
la llegada de la luz,
el final de la uña
del monstruo.
Y yo me siento a ver
lo que me pertenece
pero no es mío,
y regalo una semilla,
un hueso azulado,
y me devuelven
el ruido del mundo,
que similar a un
barco de vapor
traga y vomita,
y lo ensucia todo.
Pero ellas seguirán
muriendo de aburrimiento
y viviendo de luz,
dejándome verlas
cuando creo que ya
no hay nada
que pueda abastecerse
del suelo que piso
sin tener la cara
de cualquier
ángel caído.
*
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| Foto tomada por mí, en el barrio chino de Manchester. |

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