Nota para mí.

caleidoscopio.



Paz no encuentro ni puedo hacer la guerra,
y ardo y soy hielo; y temo y todo aplazo;
y vuelo sobre el cielo y yazgo en tierra;
y nada aprieto y todo el mundo abrazo.

Petrarca.

sábado

El falso cestón que quiso ser nido de aves.

¿A dónde vas, tan desenfadada con el mundo?
¿Acaso a ti no te molesta el fluido de gente que se agolpa y no acompaña?
Es cierto, tu ya no sientes que te rodea lo ajeno porque donde estás todo es tuyo.
¿Me vas a sonreír así todo el día?
Lo digo porque me gusta, que bonito sonreír con todo el cuerpo y que nadie se de cuenta de que estás disfrutando, qué bonito guardarlo para tí, un momento íntimo entre tu corazón y tú. Me quedaría buscando formas impensables a las nubes toda la tarde, no movería ni un dedo para sentir más plenamente como me fundo con la superficie que me sostiene.

Desátame si quieres que vuelva tras el vuelo y abre los brazos cuando vuelva tras la huída, voy a necesitar una cálida bienvenida cuanto sienta que no debí haberme ido, pero sabes bien que el viento sopla en todas direcciones y que el agua cambia de caudales cada segundo en su cíclica recreación.

Las piedras del río se amontonan bajo el agua y yo sigo en el trampolín de cemento, esperando un impulso que me anime a entrar en el frío golpe que es vivir el cambio.
Me vas a besar los ojos y vas a bendecir mi alma solo porque he vuelto, pero no para que me quede.

¿A dónde vas, tan desenfadada con la vida?
¿A caso a ti no te duele vivirla?
¿A caso no sientes que se te va y que te vuelve con la fuerza de un huracán?
¿No sientes la inquietante incertidumbre de saber por qué lo que es es como es?
¿De saber qué sería sino?

No te da miedo, lo sé. Tu lo ves de otra manera, tu ya no estás en la partida, eres espectadora de los errores que cometo y de los que no, casi puedo verte sonriendo, casi maternalmente, con la templanza de quien sabe que encontraré mi sitio después de tanto rumbo. No me odies si te digo que aprendí a no echarte de menos, no puedo echar de menos algo que ya forma parte de mi. Ya no puedes ser palpable, pero puedes ser energía, eres energía, vivencia, experimento. Eres. De alguna manera eres en mi. No puedo echarte de menos, porque no te has ido.

¿Y si se me caen las plumas durante el vuelo?
¿Me darás las tuyas, aún sin estrenar?
¿Me darás tu fuerza, cuando flaquee la mía?
¿Responderías tantas preguntas absurdas, sin dejar de sonreír así?
Si vas a llevarte sonriendo así todo el día, que no se acaben las horas.




A Patricia Judith Rebola Cruz.



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