Nota para mí.

caleidoscopio.



Paz no encuentro ni puedo hacer la guerra,
y ardo y soy hielo; y temo y todo aplazo;
y vuelo sobre el cielo y yazgo en tierra;
y nada aprieto y todo el mundo abrazo.

Petrarca.

martes

El Asco.

 La inspiración de "La Gran Marcha".

Con un zarpazo al nihilismo casi felino, un dedo en el ombligo y otro hurgándose la nariz, dijo que eran las mierdas las que cagaban a los humanos, y que el kitsch totalitario era la inculpadora sonrisa de tu vecina más alcahueta a juego con tus ojeras en el portal de tu casa un sábado a las nueve de la mañana. Y que así nos iba.
Sacó un moquillo viscoso pegado a la yema de su dedo índice (el de acusar y señalar), lo miró casi uniendo el iris de ambos ojos por su lado más cercano al tabique de la nariz, y en una árdua tarea de reducir su capacidad adhesiva, lo moldeó como una miga de pan hasta que fue adquiriendo un tono grisáceo y una textura similar a la de la goma de borrar.
Me miró durante unos segundos, expectante de mi expectación, y catapultó hacia algún rincón de la estancia su proyectil ecológico.
-El asco-dijo.-y los obstáculos, son del hombre y nada más.
Extrajo otra muestra de masilla adhesiva y la pegó esta vez sobre la mesa, para asegurarse de que todos (incluída ella, por pura memoria identificativa) percibiésemos el perfil tabú y salvaguardado entre algodones de la sobrevalorada Creación.
Conseguí disuadirla en su empeño de defecar sobre una brillante e irónicamente blanca y dorada vajilla de porcelana. De algún modo estaba empeñada en manifestar hacia el mundo lo que el mundo celosamente negaba, avergonzado de sí mismo, entre cuatro paredes y sobre enormes y fríos tubos que emergían del suelo como árboles de la vergüenza, provistos de un botón de automática pérdida de vista tras puertas cerradas y agua corriente.
Decía que conectábamos tímidamente nuestro tubo con los tubos que nacían del suelo, y que incluso había casos (esto la irritaba especialmente) en que comprábamos bonitas y acolchadas tapaderas en "atractivodistractorias" tiendas que aliviaban el asco de ser humano.
Me dijo que hoy no, pero que el próximo día hablaríamos de sexo, y que el otro de la humillación.

Al salir de aquella sesión me pregunté, verdaderamente asustada, si la capacidad tangible de conocer y comprender al ser humano nos estaba vedada a los "políticamente correctos" o para hablar con sus palabras, "kitschianos totalitaristas".

Podría esa ser la clave de la explicación a la existencia de centros tales como manicomios, clínicas de desintoxicación y cementerios.



domingo

Vertiginosamente alzar el vuelo.

Levantando los pies del suelo se quebranta el vértigo, como todos los días el olor a café y el mohín en los ojos, y caminar hacia el encargo, sintiendo ese vértigo, en pié sobre el aire que se ríe y se hace espeso. Ella olía a asfalto y a locales de antro, pero siempre tuvo mal equilibrio a pesar de su particular visión del mundo. De todo lo tomado en sus manos había, al menos, algo que se rompía y ella se empeñaba en conservar, lo ponía bajo su manto de redención y lo observaba durar en una línea transversal en el tiempo, -como ya está roto-decía-no tiene más utilidad que la de ocupar un lugar en el espacio y el recuerdo. Nunca comía caramelos de color verde, decía que ese era su color y creía que era una traición succionarles puerilmente la luz por un sabor artificial. Tanta perplejidad en los ojos le servía para asustarse de sí misma, conocía y manipulaba ese conocimiento, se conocía tanto como conocía a un transeúnte que vaga por la cera de enfrente, un(a) absoluto(a) desconocido(a).
Decía, también, que lo justo y necesario sería que su primer y único apellido fuese el de "Vértigo", y que no debía tener un segundo apellido porque consideraba que segundos nombres y segundos apellidos eran, congruentemente, una mera redundancia de sí misma en su tarjeta de identificación personal. Y ella no quería reiterarse, quería caducar y durar un exhalo cuando alguien la nombrara, no quería relamer las lenguas de nadie, ni que las lenguas de nadie babearan su identidad.
Tenía vértigo de sí, por eso levantaba los pies del suelo y a veces no era capáz de oir la tierra.





jueves

Insomnia, -ae

Perdido el tiempo en comas eternas, la realidad se vuelve tan leve como una pluma y pasa a un segundo plano. Lo que llamaré ahora "primera realidad" entiende el tiempo tan extenso que no se mide por ninguna entidad numérica que lo clasifique en tarde o temprano. El siguiente paso está en percibir de forma indiferente o, sencillamente no percibir de forma que resulte relevante al desarrollo del tiempo (no existen los días ya que son una unidad de medida temporal artificial y meramente conceptual) la transición migratoria de la luz de un lado a otro de la tierra. Seguidamente el cuerpo se va agrietando y oscureciendo, los globos oculares arden y se cierran con un deje de autosuficiencia que a veces puede inquietar al individuo, pero de nuevo nuestro ilimitable e incalculable factor tiempo nos suaviza y acogemos las reacciones corporales en consecuencia de la falta de medida del tiempo como el comportamiento natural de vísceras y órganos inalterados. El insomnio es una especie de mala hierba que invade un terreno y anula al tiempo aunque a su vez lo acentúa, me atrapa la ignorancia si me pregunto de qué se alimenta, pero voy asimilando qué es lo que consume.