La inspiración de "La Gran Marcha".
Con un zarpazo al nihilismo casi felino, un dedo en el ombligo y otro hurgándose la nariz, dijo que eran las mierdas las que cagaban a los humanos, y que el kitsch totalitario era la inculpadora sonrisa de tu vecina más alcahueta a juego con tus ojeras en el portal de tu casa un sábado a las nueve de la mañana. Y que así nos iba.
Sacó un moquillo viscoso pegado a la yema de su dedo índice (el de acusar y señalar), lo miró casi uniendo el iris de ambos ojos por su lado más cercano al tabique de la nariz, y en una árdua tarea de reducir su capacidad adhesiva, lo moldeó como una miga de pan hasta que fue adquiriendo un tono grisáceo y una textura similar a la de la goma de borrar.
Me miró durante unos segundos, expectante de mi expectación, y catapultó hacia algún rincón de la estancia su proyectil ecológico.
-El asco-dijo.-y los obstáculos, son del hombre y nada más.
Extrajo otra muestra de masilla adhesiva y la pegó esta vez sobre la mesa, para asegurarse de que todos (incluída ella, por pura memoria identificativa) percibiésemos el perfil tabú y salvaguardado entre algodones de la sobrevalorada Creación.
Conseguí disuadirla en su empeño de defecar sobre una brillante e irónicamente blanca y dorada vajilla de porcelana. De algún modo estaba empeñada en manifestar hacia el mundo lo que el mundo celosamente negaba, avergonzado de sí mismo, entre cuatro paredes y sobre enormes y fríos tubos que emergían del suelo como árboles de la vergüenza, provistos de un botón de automática pérdida de vista tras puertas cerradas y agua corriente.
Decía que conectábamos tímidamente nuestro tubo con los tubos que nacían del suelo, y que incluso había casos (esto la irritaba especialmente) en que comprábamos bonitas y acolchadas tapaderas en "atractivodistractorias" tiendas que aliviaban el asco de ser humano.
Me dijo que hoy no, pero que el próximo día hablaríamos de sexo, y que el otro de la humillación.
Al salir de aquella sesión me pregunté, verdaderamente asustada, si la capacidad tangible de conocer y comprender al ser humano nos estaba vedada a los "políticamente correctos" o para hablar con sus palabras, "kitschianos totalitaristas".
Podría esa ser la clave de la explicación a la existencia de centros tales como manicomios, clínicas de desintoxicación y cementerios.


