Parece
como azufre en el oxígeno, eso que huele siempre a lo mismo y que
irrita siempre de la misma manera. Andaba yo purificando mi vida como si
fuera posible pulir con una lima un acantilado, y siempre quedaban
cuerpos extraños, polvo y mugre. De no ser por esta pérfida ola de
frenesí, de lidiar con ver que se impregna, habría apostado un corazón
humano a que, valga la bipolaridad de la confusión y el no
discernimiento de lo que queremos llamar realidad, nunca hay polvitos
rojos sobre mi almohada, pero yo los inhalo, los siento. Por eso sé que
siempre están ahí.
Nota para mí.
caleidoscopio.
Paz no encuentro ni puedo hacer la guerra,
y ardo y soy hielo; y temo y todo aplazo;
y vuelo sobre el cielo y yazgo en tierra;
y nada aprieto y todo el mundo abrazo.
Petrarca.
lunes
Roca
Con
un hacha clavada en las partes bajas y una sonrisa carnavalesca en las
comisuras te ves hasta humana y si me amenazas un poco te diría que
hasta tienes cierto atractivo, pero qué miedo me dan tus ojos. Qué miedo
qué miedo que la enfermedad se abre paso a través de tus pupilas y
saberte mal me sabe insípido, como esas miradas enfermas, que no tienen
dirección ni remite, como un hilo cortado en medio del suelo que al
caminar pisas y sin tener consciencia de él lo llevas arrastrado bajo
tus pies como una cadena de hierro amarrada a un fantasma. Qué miedo
cargar contigo y con esos ojos que no tienen color.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)