Con
un hacha clavada en las partes bajas y una sonrisa carnavalesca en las
comisuras te ves hasta humana y si me amenazas un poco te diría que
hasta tienes cierto atractivo, pero qué miedo me dan tus ojos. Qué miedo
qué miedo que la enfermedad se abre paso a través de tus pupilas y
saberte mal me sabe insípido, como esas miradas enfermas, que no tienen
dirección ni remite, como un hilo cortado en medio del suelo que al
caminar pisas y sin tener consciencia de él lo llevas arrastrado bajo
tus pies como una cadena de hierro amarrada a un fantasma. Qué miedo
cargar contigo y con esos ojos que no tienen color.
No hay comentarios:
Publicar un comentario