Sendero de lírios seré
bajo la piedra que bajo mi pie
monte escarpado a simple vista
se ve.
Canción para sordos,
llover,
el sol nacer
ante los clavos de mi rescoldo.
Por más que los vientos aturdan
y el flujo al cuello se aferre,
por más que mis manos erren,
no seré yo, ni serán mis órganos,
ni serán mis derrotas ni enemigos mundanos
los que mi devenir confundan.
No será otra daga
la que se hunda en mi pecho,
ni otra llama
la que me haya desecho,
que aquella de la gran Maga,
la que vive hasta en los sueños,
la que nace cual miembro a uno ligado
para llevarlo a ras del suelo,
como un candíl iluminado
hasta la sombra de la hastiada nada,
hasta emprender el retorno del camino una vez hecho.
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