Nota para mí.

caleidoscopio.



Paz no encuentro ni puedo hacer la guerra,
y ardo y soy hielo; y temo y todo aplazo;
y vuelo sobre el cielo y yazgo en tierra;
y nada aprieto y todo el mundo abrazo.

Petrarca.

sábado

Desván, paisanos.

Conmemoran la dicha de las letras de un nombre,
de los colores de una bandera,
hay un día de la nación,
y otro para su libro sagrado,
hay guantes blancos y huellas negras,
y se vacían los bolsillos
los obreros
a las puertas de sus salados
y resbaladizos muros.
Se rompen mundos
y se cavan hendiduras en los vientres.
Se busca la prominencia de unos
y la humillación de otros,
la mujer, hermosa por la resistencia
de su género,
la semilla de la nación,
la estoica y la deseada,
la de las adversidades,
se mercancía, despedaza y aparta a un lado
como la escoba hace
con los cristales rotos de un espejo
que solo,
sin más, refleja; verdad.
Verdad Cuchillo.
Porque la suma de los cuerpos
es la suma de los cuerpos
y la resta del intelecto
en el país de los corrillos de patio.
En este rincón de la vieja
en lo que azotó tras el número 36
se calentaban testículos de lona de brezo
con la hoguera de las palabras,
y su humo dibujó en el cielo
"Dios bendiga la silicona
y los coches grandes."
Aquí se premia el silencio
porque no hace eco
en las bocas vacías;
adormecer, disuadir, engañar,
envenenar, desmembrar, matar
el hambre de las mentes.
El español tiene tanta carnaza
que muere de hambre,
la boca llena
con dos orejas
a su vez tapadas
con dos ojos
y el lomo al descubierto
y las rodillas deshuesadas
de tanto besar el suelo
por donde pisa un fantasma.

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