Dijo: "Si tienes que aprender alguna vez, aprende de mí, que nunca aprendí nada, y cuando necesité, tiré de mí hacia afuera, fue un grito tan sordo...mis huesos zozobraban y mi estructura era una negativa eterna, pero solo entonces pude saberlo todo".
Dije: "Uno nunca sabe"
Dijo: "Uno alcanza la suma ignorancia en el intento. Se muere en la blancura."
Dije: "Dentro siempre hay oscuridad"
Dijo: "La luz del día lo adultera todo, la oscuridad es la única que saca a bailar a los tristes en estas noches de pecera"
Dije: "Me dilato y me deformo cuando me arrojan a la luz; creo que me inflamo de vacío."
Dijo: "Oyes música silenciosa, comienza rozándote la nuca. Después se queda contigo y no te deja nunca, nunca."
Dije: "Fumo cuando los oídos y los labios se me antojan igualmente perceptibles; por hastío, porque el humo se convierte en alma."
Dijo: "Cuando ocurre, los colores."
Dije: "Los colores me hablan cuando me abstengo de la verborrea, los colores en los ojos, en las manos, en las voces de la gente. El aislamiento de la palabra. Mi mirada se hace entonces un maremoto incontenible."
Dijo: "Fumas en silencio, y tu humo nace azul"
Dije: "Te pareces a mí, pero tus ojos son del subsuelo."
Dijo: "Bienvenida a la sabiduría."
Extendió dos brazos acuosos hacia afuera. Su figura se desintegraba en un mundo que no era el suyo; yo podía entrar en otros mundos, me abrió su corazón. Recitaba poesía de polvo, sólo para mí, cuando la luz iluminaba a otros. Abracé con rabia a la mujer en el espejo.
Dijo:
"Mirada de mala
praxis,
ver tu cara como
una azotaína
materna,
se quiebra el cartílago
bajo mis pies,
el cartílago de la
tierra
ceniza
siento sus rotos
huesos rotos
hundirse en la porción
de carne
que más me adhiere
a ella
como un asma
frío
como un suspiro
metálico.
De su larvada
piel
nacen esqueletos
de tierra y humo,
hojas asustadas,
papelinas escuálidas.
En la oscuridad
chupas la sangre de una
tierra yerma,
y sollozas un ténue
canto de vida
de muerte
un éxtasis
de inconsciencia
de inconsistencia
de instinto
de primitivo humano."
Me enseña su mundo, su cuerpo, su sonido, todas las noches de mi vida. Cuando llega el día, le soy infiel con el mundo. Ella sabe que busco su sutileza en los cristales que se carcomen con el tiempo y la degeneración, que enmarcan esta ciudad extinta. Que la busco en otros ojos. Pero cuando el sol se ha hundido, como si de una corriente (se tratase), sus brazos de agua vuelven a mi mente. No me culpa. No me disculpo. No existen unos brazos más cálidos que los que creamos las dos juntas.
*

Los ojos llevana a otro mundo el de las almas y la contrariedas de lo lleno a lo vacio nacen sus simbolicos brazos dr agua que hacen contro versia... de los huesos ni p! Jajaja me flipa. WasaTom-As
ResponderEliminarjajajajajaja echo de menos alguna conversación en un mirador de un pueblo que duerme
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