Nota para mí.

caleidoscopio.



Paz no encuentro ni puedo hacer la guerra,
y ardo y soy hielo; y temo y todo aplazo;
y vuelo sobre el cielo y yazgo en tierra;
y nada aprieto y todo el mundo abrazo.

Petrarca.

jueves

Gotelé y declaraciones de guerra.

No quiero más cárceles mentales, no quiero clasificar, ni que me clasifiquen.
Quiero abolir el órden, quiero correr por el borde de la piscina, y asomarme a un agujero.
No quiero ver caras antisemánticas, ni oír palabras aireadas.
No quiero de ti, ni de ellos, ni de ellas.
Quiero de mi, y de lo que pueda ofrecer a la demanda, todo casero, todo procedente del aire de una habitación cerrada, cerrada
, enclaustrada, claustro, clave, abominable reflexión acerca del disparo de la mente.
El disparo que interroga.
El disparo que reconstruye.
El disparo que no espera
que se disparen las conciencias,
porque las hace dispararse, porque ha disparado,
en dirección a la diana de lo tomado por incorregible.
Corregido el mundo, procedemos a su autodestrucción.
Implacable levedad del ser que nos hace invencibles justo en el medio de nuestra relativa existencia.
Hechos para morir.
Hechos para cambiar el mundo.
Hechos para cruzarnos de brazos.
Hechos para dormir, comer y defecar.
Hechos para observar.
Hechos para traer al mundo a alguien que diga que
NO.

viernes

Miscelánea

Un cuento extraño de personajes ténues.
Miscelánea.


Al cuerpo nacido de la libertad, de miembros atados y cortada lengua me dirijo.
No me mientas más y álzame. Es una estupidez matar al asesino del tiempo y dar siempre las mismas vueltas sobre el mismo cuadrado. Cálida saliva la tuya. Cálidos tus gritos.
Donde gotean las horas escondido y esperando el fin de un flujo que no finiquita, te instalas en un bucle de rallas blancas que sirve para aturdirte. ¿Dónde vive la realidad?
En tus horas, las que gotean.
No las pierdas más.
No las quieras secar.
Son de agua.
Miscelánea y paletas de color. Aunque sea para decorar tu tristeza. Aunque sea para mancharte las manos.
Demórate lo que necesites, el tiempo gotea pero no lo hace en vano si es por tu causa mientras no la pauses.
Pero no te detengas, que después corroe rehacer la marcha y el flujo acelera ante lo estático.


Y vístete despacio si llevas prisa,
pero no te quedes desnudo.

martes

Un balcón hacia dentro.

Vengo de cuerpos desnudos
de un quererse en constante apaciguamiento.
Nací entre reproches
que acabarían alimentando mi pronto.
Luego me voy y vengo
y me caigo y no me levanto porque vuelo.
A tientas arañando las puertas a ver
si alguna tiende a darme paso.
Me inyecto una idea en la mente
y luego la cultivo por no ver de dónde emano,
y secándola ando,
hasta que la abandone porque ya no necesite torniquetes ajenos a mis miedos.
Los miedos que cercan y que matan y que privan y que anulan.

miércoles

Brújula.

Mi cuerpo y mi respiración.
Una hora.
Dos minutos más.
Tu tiempo, da igual cuánto.

Los días.
Como pájaros de plumas blancas
que al final se tiñen óxido.
Las risas.
Como ecos en habitaciones vacías,
y matices que flotan entre las paredes.

Hasta que vuelvan las lunas que extrañamos con los soles,
y hasta que vuelvan las noches que extrañamos con los días,
dando volteretas en el aire y respirando arena,
en un cíclo vivo construyendo esta ciudad,
para mi.
Para todo lo que es tuyo.

Después me asomaré al viento,
moverá mi pelo en todas las direcciones que pueda tomar.
Elegiré una.
Y te llevaré conmigo.

No volveremos a la ciudad que construí.
Las horas.
Y los dos minutos más.
Y ya estaremos fuera. Lejos.

sábado

Me quedo.

Mi carne en viandas se suicida y se disuelve.
Se ha querido marchar y yo le he pedido a gritos que se quede, que me espere.
Me ha contestado que esperando solo pasa el tiempo,
y yo le he replicado que pasando el tiempo pasan las cosas.
Después se ha querido ir disolviendo en mi sangre y en mis lágrimas, dice que no me espera,
pero yo sigo con la mosca tras la oreja, así como con una lucecita, así que me quiere decir que me quede, que aún hay algo más para mi, y que tengo que descubrirlo. Pero mi carne me dice que no.
Mi carne se quiere ir, dice que le duelen las heridas y que no, que no espera a que descubra ni redescubra, que la están matando y que sabe que después me matarán a mi.
Dice que se va, que se marcha.
Dice que no me espera,
y si no me espera mi carne,
no tengo un escalón donde sentarme a esperar que pase el tiempo,
a esperar que pasen las cosas.

Después llegan mis ojos, mis ojos dicen que se van.
Mis ojos me dejan plantada.
Dicen que están irritados, que no saben humedecerse más y que están quedandose sin agua.
Dicen que ya no reciben bien la luz, y que si esperan un poquito más, acabarán por volverse locos, y por no ver nada.
Dicen que no me esperan.
Dicen que se van.
Y si no me esperan mis ojos,
no tengo ventanas para ver pasar las horas y esperar que pase el tiempo,
ni para esperar a que pasen las cosas  

Al final llega mi pecho y me dice que ha explotado.
Que está sangrando y que ha perdido muchas ganas.
Dice que ya no late igual y que le resulta un suplicio sentir el aire.
Dice que se va, no me ha querido decir más nada, por eso no escribo más nada.
Él tiene la última palabra.
Dice que se apaga.
Dice que no me espera.
Y si no me espera mi pecho,
no tengo escudo para protegerme del tiempo que pasa sin noticias,
ni tengo fuerza para esperar a que pasen las cosas.

lunes

'Barking'

No existe un método más infalible para comprender las palabras que el de utilizarlas. Desde el preciso instante en el que afloran a la mente, hasta que decides producirlas, y hasta que finalmente las produces...desde la conciencia o desde la inconsciencia. Aunque seas tu su dueño, o lo sean las malas palpitaciones de los impulsos. Aquellas palabras que no quieres decir, aquellas que se te ocurren y se te antojan tan atrevidas que intentas sustituírlas por otras más suaves que acaban finalmente desechadas porque descubres que en tu mensaje no hay lugar para la suavidad. Existen las palabras que te cambian la vida, y las que no. Las que te definen y las que utilizas para definir. En una selva de empleo y desempleo del habla oyes gritos y voces por doquier, el único fallo de esta belleza reside en la explotación. El fallo de lo bello de no ser bello, el devenir de palabras asemánticas, amontonadas, como amontona la gente los libros que no sabe leer. Apiladas y olvidadas de sí mismas, hasta perder su estructura, hasta vulgarizarse, hasta no ser nada. Y así se transforman las verdades en mentiras y los días en las noches, gradual y progresivamente, perdiendo y olvidandose lo que significa un signo, un guiño, y una palabra. Lo poco que quedaba de humanidad en un pecho, los posos del café que un día estuvo recién hecho. Y tenemos diccionarios, tenemos enciclopedias, tenemos libros llenos, repletos de palabras...pero nadie es capáz de afinar el oído para escuchar lo que no se oye, así como el padre de un hijo que abandona a su primogénito enmedio de la nada hemos abandonado nuestra creación más bella y la hemos lanzado con todas nuestras fuerzas al olvido. Es estremecedor tener oídos para escuchar y ojos para leer, ¿cuándo hemos vendido el alma? ¿dónde hemos dejado nuestra reseña? No la volveremos a encontrar, pues la cualidad innata que se pierde ya jamás vuelve y jamás brilla. Insultos, asedios, engaños, burlas, negro. Así pasito a pasito matamos con la voz lo que un día avivamos con la mente, rompiendo el respeto, desgastando la confianza, e invocando a la mentira. En estos tiempos que vuelan quien presuma de poseer facilidad de palabra es un muerto sin vida, hace muchos, muchos años que los humanos hemos perdido la capacidad del habla para haber desarrollado la capacidad del balbuceo.

viernes

Frases (in)Condicionales.

Podría darte un saco de momentos.
Una casa llena de estancias, llenas a su vez de mí y de lo que te debo.
Estoy en calma y en paz.
Soy fiel a mi latir y al constante afán de quererte que he desarrollado.
Motitas marrones que flotan en un iris de sol y miel que me han hecho morirme tantas veces...
Arraigado a mi pecho y regalándome lunas si hace falta.
Dibujas.
Disipas la niebla y me abrazas.
Así es como tú haces las cosas, no es por bien y mal, sino porque a tu manera es como las quiero, con tu olor y con tu piel.
Vestidas de ti y salpicadas con tus manos.
Te dejaría matarme para que volvieses a traerme a tu mundo, amarrarme a tu cintura y colgarme de tus labios. Dormiría sobre tu lengua y me bañaría en tus ojos, escalaría tu espalda como un deporte de riesgo, para al fin darle mi corazón a tus oídos y caerme rendida en tu pecho.

Quédate en mí.
Y déjame quedarme contigo.

Lo blanco que hay en ti y que me concede color.
Lo que hay en ti y que no puede haber más si no lo englobas tu.