Nota para mí.

caleidoscopio.



Paz no encuentro ni puedo hacer la guerra,
y ardo y soy hielo; y temo y todo aplazo;
y vuelo sobre el cielo y yazgo en tierra;
y nada aprieto y todo el mundo abrazo.

Petrarca.

miércoles

Dicción de nadie.

Hoy he descubierto.
Vale la pena el dulzor de una figura nítida sobre la lengua áspera de tanto amar a las paredes. Ahora quizá nunca vuelva a casar figuras iguales, veo una lluvia de geometrías pulverizándose sobre mi cabeza de óvalo. He leído un diccionario ilegal que descansaba en mis dedos, ahora ya no me importa. Porto con severo gesto el duro golpe de la corta vida y el arte largo. No me juzgue un sólo índice frente a mi naríz de escéptica, libero al prójimo de la responsabilidad de tener siempre la razón y del estoicismo ciego que a veces ello conlleva. Tempus fugit dicen los números. La mente se desprende, digo yo. Todo esto es bona nullius. Las cabelleras se secan al viento. La desnutrición es tan sincera como el tiempo.

*
- Te estoy mirando a los ojos, Diablo, dime de dónde vienes.
- De la tierra, Intrascendente, vengo de la tierra.
- De la tierra a la tierra.
- De la tierra a la tierra, sí.
- ¿Ya no quedan niveles morales?
- La moral siempre ha sido el efecto de una droga en exceso, la moral te consume y te vende, te aleja de tí. La moral es antihumana, antianimal, antibotánica, no tiene posición fija, ni si quiera variable. Oscila de aquí para allá sin ocupar un espacio concreto, ni pisar pulgada de tierra, tomada por la regla bondadosa del hombre cívico y correcto, temeroso de la mano de Dios y del fuego del Infierno, creadora del egoísmo piadoso, el más despreciable de los egoísmos humanos porque no es humano en su orígen, sino fruto de una putrefacción. Asesina de la carne y de la idea, voltaje intolerado, cordón umbilical con el coma eterno y el hambre de espíritu. El hombre moral es un hombre hipócrita, un hombre no-hombre, una caja vacía. La mujer moral es una suicida. El niño moral nace muerto.
- Yo soy ateo.
- Y la moral también.
- "La moral y el temor a Dios..."-dijiste, Diablo.
- La Religión la amamantó y la hizo grotesca, expansiva y peligrosa. Mordió la necia mano que le dió de comer.
- Te niegas, figura producto.
- Me afirmo, concepto desubicado.
- Paradójico tu comienzo y tu final.
- La ignorancia en la cama de la moral misma.
- Se cotidiano y sencillo.
- Bien. La moral: el molde de un bizcocho, ropajes.
- Quieres que el mundo se mueva desnudo.
- Quiero que el mundo se mueva. La desnudez vino después del atavío. Antes no había desnudez. Sólo gente.
- Andaremos desnudos.
- Unas simples bragas no hacen la moral.
- Dulces sin forma.
- La forma incita al patrón. El patrón a la creación del concepto de "diferencia". El cinturón de la moral ejerce presión. Debe haber blanco, debe haber negro. Aparece una brillante connotación negativa en la diferencia que alza el absurdo valor de la forma. La diferencia crea el concepto de lo deforme. Lo que cocinas con un molde es gente muerta. Si lo que quieres cocinar es un bizcocho, la situación se suaviza.
- Quién eres.
- Sé quién no soy
- Eres Dios, o de verdad eres el Diablo.
- Dos caminos a elegir te resultan un dilema más sencillo de resolver que la resolución de correr campo a través.
- Todos los caminos llevan a Roma.
- Quieres ir a Roma.
- No lo sé.
- Si no quieres ir a Roma, caminante no hay camino.
- Eres Dios, o de verdad eres el Diablo.
- Ambos empiezan por "D" de demagogia, por "D" de dedos, por "D" de dócil.

Pero todo esto, tu ya lo conoces.










domingo

¿?

Un papel se arruga con la voluntad de una mano; así también se arruga un gesto y una palabra mal enviada. Las arrugas albergan resíduos de una planicie deseada, evaporada en la mirada. De qué me sirve, digo yo, perder tanto tiempo entre los libros, lo que me están contando me abren al mundo o me encierran en un ambiente que no existe. Hay algo que esperar o alguna doctrina o filosofía que aplicar a algo establecido. Estoy haciendo el ridículo ante la rueda del tiempo. Arrugo mi rostro como arrugo mis palabras y los papeles que nunca decido conservar. Es estúpido verme así, tan desprovista de todo y empleando mi tiempo en el paso de las páginas. Es placer pero con algún fruto, me digo. Me digo que no a todo, que no. Que estar de brazos cruzados es lo mismo que sostener los libros en mi regazo. Cartas en el asunto. Cumplir con lo previsto. Ver una gota de agua pegada en el cristal. Todo está a merced de la observación. Entonces todo está tan parado como los ojos de quien no tiene tiempo. Bueno. No lo sé.
Como siempre me sucede, no lo sé. Nunca puedo, a pesar de mis intentos, llegar a saber nada.


Especias.

 "Una pequeña certeza."


*


Un día azul suspiré sobre tu clavícula izquierda; la del pájaro, la del corazón ciruela. Lamí tus dedos como si fueran los que me aproximaron al festín de mi alegría; de un sórdido ruido de gentes aglomeradas dentro de mi pecho, como una fiesta estival, como el alboroto de un pueblo; nada concreto salvo un cántico risueño, una felicidad atolondrada e intantil. Me coloreabas la zona blanca de la mirada con la zona parda de la tuya. Yo me reía mucho, fruto de la efervescencia de mi tan intantil y nerviosa felicidad. Dibujamos, mucho. Dábamos forma. Forma de nada a nada; para poder intuírla después. Es agradable el olor de tu cuello al compás de la lluvia de la noche. Me sonrío hacia adentro, y pienso que el gotelé de tus paredes simula las perfectas imperfecciones de la piel que cubre la vuluptuosidad de tus huesos y músculos que a su vez se agitan con la vibración de una voz de presencia, de tu virilidad pueril, tan tuya como mía como visible e imperceptible a la vez en el resto del mundo, el cuadro entre los cuadros en la sala entre las salas del museo entre los museos de las ciudades, de los países, de la tierra. Mi barco de velas grandes. Yo frente al torrente de tu esencia, sobre la sábana más larga del mundo.


 *

 


Borges dió a luz a un "hacedor"

Detrás de mí respiran los pasos que nunca he dado. En la oscuridad reclaman mi dedicación, tienden trampas a mi equilibrio. La ruina de los pasos no dados quiere hacerme creer que soy una peonza, y estoy diseñada para otro movimiento o condenada a la eterna caída que implica siempre volver. Me gusta ir de frente porque de este modo no veo que me persiguen los muertos, y eso a veces me permite hablarles. He anudado unas campanillas a mis tobillos, para que nadie me haga confundir la pausa con el ritmo, y seguir siempre el sonido del avance, la música tendida en el suelo como una polvareda naranja en los caminos de una estepa, susceptible a la erupción al menor movimiento. Apelmazaré el polvo a mi paso y diálogo con los que no son nadie, fragmentaré el campo de visión; nada excepto el humo en el rabillo del ojo. Pestañas fuertes, para que no entre partícula alguna. Tal vez algún día mis ojos cambien de color. Alcanzo ciudades, pueblos pequeños, pueblos vacíos. A veces paso día y noche y no he alcanzado nada. Lo que yo recojo está lejos de ser un destino fácil y localizable. Recojo pedacitos de lo que pueda ser una vida, que voy montando en mis manos, jugueteando con mi tesoro a lo largo de este valle de polvo y charlando con los espectros que nunca me tocan, recojo una lágrima a veces, que me sirve para enjugar la mirada y conseguir nitidez, otras veces la risa expira el polvo que pueda haberme entrado hasta la garganta. Todo me limpia y yo me ensucio sola, como los niños en el barro que no entienden de impecabilidad y buena presencia, sólo del placer de involucrarse en el juego de la tierra. Mi presencia es desastrosa; como la de un alfarero que crea con las manos, como la de un pintor; mi trabajo es andar por el polvo y manchar mi ropa, y cuando la lluvia la limpia bailo bajo ella, en señal de agradecimiento. Porque siento que si no me veo pequeña, nunca notaré que he crecido. Si no me veo con las manos vacías, no sabré que algún día las llené. Lo que recojo en mis largos paseos son motivos, ideas y pequeñas raíces. Tal vez crezca algo.
Lo que me distancia del alfarero que se sienta frente al bulto de barro que un día será un jarrón, del obrero que se agacha y se levanta frente a los muros que algún día serán un edificio, es que yo aún no tengo la más remota idea de ante qué espectáculo voy a estar sentada yo, qué emanará de todo lo que me hizo ser un día, y por qué una cosa, y no la otra.
Yo estaré, probablemente algún día,
sentada de espaldas a los fantasmas, y de frente a una pura y desnuda proyección de mí misma, que bajo el contorno que tome, tendrá las mismas manchas de polvo que un día tuve yo sobre mi ropa.



sábado

Desván, paisanos.

Conmemoran la dicha de las letras de un nombre,
de los colores de una bandera,
hay un día de la nación,
y otro para su libro sagrado,
hay guantes blancos y huellas negras,
y se vacían los bolsillos
los obreros
a las puertas de sus salados
y resbaladizos muros.
Se rompen mundos
y se cavan hendiduras en los vientres.
Se busca la prominencia de unos
y la humillación de otros,
la mujer, hermosa por la resistencia
de su género,
la semilla de la nación,
la estoica y la deseada,
la de las adversidades,
se mercancía, despedaza y aparta a un lado
como la escoba hace
con los cristales rotos de un espejo
que solo,
sin más, refleja; verdad.
Verdad Cuchillo.
Porque la suma de los cuerpos
es la suma de los cuerpos
y la resta del intelecto
en el país de los corrillos de patio.
En este rincón de la vieja
en lo que azotó tras el número 36
se calentaban testículos de lona de brezo
con la hoguera de las palabras,
y su humo dibujó en el cielo
"Dios bendiga la silicona
y los coches grandes."
Aquí se premia el silencio
porque no hace eco
en las bocas vacías;
adormecer, disuadir, engañar,
envenenar, desmembrar, matar
el hambre de las mentes.
El español tiene tanta carnaza
que muere de hambre,
la boca llena
con dos orejas
a su vez tapadas
con dos ojos
y el lomo al descubierto
y las rodillas deshuesadas
de tanto besar el suelo
por donde pisa un fantasma.

miércoles

.

De mis confabulaciones con el externo subjetivo a veces.
”(…)había doblado los días y sus noches como se dobla el papel para hacer un barco, doblado, arista y ángulo, los días se doblan o se cuelgan, yo había colgado viernes del jueves, del jueves el miércoles, el miércoles del martes, del martes el lunes, y todos los días colgaban del domingo (no del sábado, el sábado volaba porque no se definía). Los días tienen la forma, algunos de sus tardes, otros de sus mañanas, y todos tienen un poco de sus noches, de sus noches con sueños o sin sueños. Las mañanas se manchan de café, y a veces parecen, volviendo al ejemplo del barco, un papel sobre otro papel que parece dibujar el cuerpo diurno, pero que después se retira en un doblez hacia atrás, haciendo una arista o ángulo, haciendo resaltar la esbeltez del papel que escondía debajo, y despunta el resto del día, con el eco de la diurna figura, casi zigzagueando y medio de puntillas hasta llegar, sudando, a la noche donde la oscuridad hace que la transparencia de ese esbelto papel sea casi tan parda como lo son todos los gatos en la porción negra del día. Los días que se definen por las tardes, son días de luces, un abanico de tardes es, ante mis ojos, un auténtico abanico tonal que oscila entre los colores cristalizados, donde se evocan a la mente elementos prefijales como <hidro> o palabras como <azul>, <blanco> o <vaho>, y entre los colores candiles propios de otras estaciones del año que evocan, a su vez, palabras como <naranja>, <bufanda> o <ciruela>.”

martes

.

"Y Monelle dijo también: te hablaré de la destrucción.

Esta es la palabra: destruye, destruye, destruye. Destruye en ti mismo, destruye en torno a ti. Haz lugar para tu alma y para las otras almas.
Destruye todo el bien y todo el mal. Los escombros son similares.
Destruye las antiguas moradas de los hombres y las antiguas moradas de las almas; las cosas muertas son espejos deformantes.
Destruye, ya que toda creación proviene de la destrucción.
Y para alcanzar la bondad superior hay que aniquilar la bondad inferior. Y así el nuevo bien parece estar saturado de mal.
Y para imaginar un nuevo arte hay que romper el arte antiguo. Y así el arte nuevo parece ser una especie de iconoclastia.
Porque toda construcción está hecha de ruinas, y nada es nuevo en este mundo fuera de las formas.
Pero hay que destruir las formas.”       

-Marcel Schwob