Nota para mí.

caleidoscopio.



Paz no encuentro ni puedo hacer la guerra,
y ardo y soy hielo; y temo y todo aplazo;
y vuelo sobre el cielo y yazgo en tierra;
y nada aprieto y todo el mundo abrazo.

Petrarca.

jueves

La Carencia.

Desaliento del cuerpo,
en la lucha en contra
no hay
no queda
desgaste.
Yo me coloco
puerilmente entre el sol
y el horizonte
y me quemo las manos
y destrozo mis huesos
pero el sol se hunde en el horizonte
y se va
y lo veo ir
y llega el punto de luz que brilla por su ausencia
y ya no hay mas <y> griega que valga
porque nada se añade
porque es final
como todo está ordenado
por ese ciclo del que Siddharta no escapa
y lo que había sido amor
se reencarnará en garganta
y en nudos
hasta que ello también se disuelva.
Tus brazos algún dia serán de la tierra
Mi anhelo se deshilará por otro nombre
y tu huella y tu recuerdo
seran una huella y un recuerdo
y ya no quemarán.
Los ojos cerrados en un corazón
que no latió nunca
aunque su brillo así me lo transmitió,
nunca latió
ni por mí ni por ninguna estrella
porque su cielo es oscuro
y en él siempre se pone el sol.
Yo miraba a los ojos,
los ojos no me veían
primero me sentí translúcida,
luego me sentí tan real
que hasta podía
atrapar pájaros
con las manos, como notar
el viento en los oídos
en una orilla de una playa un día de invierno.
Luego de ser translúcida,
así, fui real,
y vi que los ojos tampoco me veían
porque ellos eran los no reales
porque estaban cerrados sin párpados
su brillo se perdió en mi anábasis
y se mezclo con mi despertar
y ahora que ya no era yo translúcida
que lo era todo ante mis ojos
ví, entendí y marché
en mi mente ya me marchaba
y de la catábasis en la que me sumía
me escapaba quedamente
y todo parecía tan inteligible
que vi la dificultad y los hechos
de que la palabra que definía
todo cuanto aquí ronda
era
meramente
nada.



Retales

Es un problema, en ciertas ocasiones, tener la cabeza más grande que los ojos.
Pero más frustración siente uno cuando ve que tiene la boca más pequeña que los ojos, y más pequeña que la cabeza.
Las grandes ideas se aglomeran en las comisuras, como chocolate caliente que se enfría rápidamente en una taza de la que ya hemos bebido al menos la mitad. Las ideas que se abortan ahí no te dejan respirar, ni dormir. Rellenan la garganta y suben por la nariz.
Uno no sabe si debe cesar el flujo, o aprender a abrir la boca.
¿se esconderán las conexiones del equilibrio entre estos tres indispensables miembros en la correcta utilización del más pequeño de ellos y, sistemáticamente como los mecanismos más sofisticados encontrarán un vaivén recíproco que los lleve al mismo ritmo?

¿puede uno tragarse las palabras?

Tengo el recuerdo de una anciana mujer que creaba con sus manos perfectas y enormes mantas de lana, entramados multicolores que no albergaban defecto alguno, de tal modo que si la colocabas extendida en la cama y te alejabas hasta un punto estratégico, se te presentaba una imagen.
La manta se comunicaba.
La hábil tejedora tenía claro cada vez que comenzaba una labor qué es lo que representaría en ella.
La cabeza y los ojos participaban de ésta.
Pero en este acto comunicativo no era la boca, sino la perfecta actuación de las manos lo que ponía en perfecto equilibrio el combinado expresionista.

El modo de ejecución determina, definitivamente determina.
 
*
 
Un principio bien cultivado y la ferocidad de defenderlo hasta límites insospechados. Lamentable lacra la ausencia de raíces, no las raíces volcadas a la tierra propia o a un apellido dinástico. La tierra se mueve y el apellido se degenera. La raíz alimentada en un pecho que arde de principios, un mecanismo que elabora sus propias reglas de comportamiento y procedimiento dentro de un pálpito caduco. La idea de oídas persiste aunque la voz se apague, y la memoria se agarra al bulbo raquídeo hasta de los cabellos que se desprenden. La verdad persigue y encuentra y golpea certera. Qué armadura si no la construida con principios es capáz de proteger del resto del cuerpo podrido del humano a los leves y etéreos valores que, como si de un accidente se tratara, llevamos dentro de nosotros los bípedos pensantes. Cómo paliar la sed del desengaño si no es con principios, cómo soñar si los sueños son deseos cristalinos del guturo si no con los principios.
¿Vamos deshojando la flor del orgullo por la propia cavilación, y vamos guardando sus pétalos en la caja del orgullo, por el orgullo altivo?
No quiero ver.
Cerraré los ojos.
Soñaré con principios.   
 
*
 
"To heavy people; shoot'em in the forehead, kill their mental handicap. Clear the plant pot, sow them again and pray now and then to their reintegration in this mindless world, filled up with mannequins and marionettes, what should I do? Has patience any rewardness? Eyeless deserve no patience. Patience is the efficiency's guillotine."
 
*
 
Noches de atmósfera híbrida.
Una hebilla entre día y día, el metal desliza suave por el agujero de piel, cuarteado.
Te giras sólo cuando aprieta.
Soplar a cámara lenta y escuchar el sonido que no llega a sonar.
Parece un malgasto de tiempo atrapado.
Pasa más rápido cuando no pasa.
 
*
 
Tu quieres saber,
yo siempre quise hablar.
El oído parece un lujo privado a los que no tienen tiempo para mirar el aire.

*


El contenido ideal de un personaje, siempre va a ser la voz.
No importa el cuerpo. Una voz es nada y todo a la vez, y puede ser muchas cosas. Necesita, esa voz, un espejo corpóreo, un terreno en el que poder construir el entramado de su dialéctica; un receptor de ideas y creador de complicaciones, alguien a quien dirigirse y que le enmarañe el pensamiento. Una prueba constante. Crear una voz es tan difícil, que a veces se puede levantar los pies del suelo y despertar en la azotea.
La voz como tal es moldeable por todos aquellos que la reciben, no está dibujada, está construída, y la necesidad de poner las cosas en su sitio, y el subconsciente de cada cual, hará la labor de crear ese recipiente, esa piel, y esos gestos identificativos.
Quiero encontrar una voz coherente, cuya imagen sea tarea árdua de dibujar, y una voz a su vez mareante que diga "hoy" y "mañana" casi al mismo tiempo, para que aquél que consiga discernir su imagen sea, en la medida de lo posible, lo más parecido a mis manos de lo que quepa esperar.
 
*
 
La memoria no distingue si me ahogué o el agua se hizo mía. La memoria desmemoriada memoriza sucesos desmembrados. Construye el boceto de un puzle imposible. Memoria, mema indecisa, memoria mamarracha. Memoria loca
 
*
 
Yo echo de menos como consecuencia, no por corazón.
No por dolor, sí por nostalgia.
La nostalgia azucarada, sucedánea de todo lo que nunca se queda.
 
*
 
La espera en la quietud en el deambular de la quietud en la quietud de la espera. Nada se detiene, ni si quiera cuando se detiene. Entonces; cambio. El cambio de encontrar una dirección, ahora deambular con un destino, carácter vectorial. Esperar llegar ,destino. Vuelta a la espera de algo. Un fin. Común denominador de la deambulación, lo estático en movimiento. Y nada nunca nada se detiene. Por qué.
 
*
 
Pobreza de horizontes.
Acidez de mirada.
 
 
 
 
 
 
 
 
 


 
 










 

martes

Gotas en la garganta.

Coágulo de superficialidad.
De eso sufro. Hay dentro de mí un oleaje desbordado, violento, reprimido que se destapa, golpea con infundada rabia mi geometría interna y cristaliza mis esquinas con su sal. Un charco holgado, poroso y profundo, doliente.
Ansío la bocanada de aire fresco, la busco exasperadamente, con mis dientes hundidos en la cólera, desparasitando mis costillas de los jirones que me quedan, adquiero olor a rincón y me vuelvo de manos cetrinas e inconstantes que van de mi cabeza a mis costillas, de mis costillas a mis pies, y a veces no vuelven nunca, parecen ya manos de cera y de plegaria mortecina que no saben donde queda la utilidad de las cosas que se tienen en una casa. La casa en la que hay cosas y rincones también se inunda con mi oleaje, arrastra personas y memoria. Lo único que conservo es el polvo de mi sedición más evocable que palpable, y los huesos de los vástagos de Crono y Gea astillados en mi tráquea, atravesados hacia afuera, como una gargantilla ensangrentada.
Ahora me bebo el humo de mi candela y sopeso en el paladar las cenizas que me van quedando de todo el imperio que una vez conquisté. Todo comenzó a arder desde la cúspide, desde el clímax de mi ensordecedora pasión.
Por fuera soy la joya de un feriante arruinado. Movimiento, sonido y luz limitados, y luego correr, porque la gente divertida es como de oblea para mi chatarra pesada, y la hago crujir hasta que huelo el dulzor. Pero me voy porque no quiero más dulzor que el del hierro de mis heridas.
Me escondo como una loba escondería a sus crías; preocupada y celosa de mí, solo quiero una cercanía, un cuerpo más, unas manos que cojan a las mías y las desempapelen, desempolven y alcen, me doblen la vida ciento ochenta grados a lo lejos de la adversidad.
Quiero un poco de lo que no hay, porque yo tampoco lo tengo.
Busco que me empujes con la fuerza de un sentimiento puro, unos brazos invisibles y certeros que alcanzan de seguro más de lo que lo hacen tus brazos férreos de la protección y la masculinidad que te definen. Más sangre caliente y más vida, una fracción de descontrol, éxtasis de tí en palabras o en esbozos que jamás serían en vano y guardaría tallados en la roca de mis imperfecciones para revestirlas, acercarlas a tí y transformarlas. Transformar mi roca en tu lecho de vegetación frondosa, defenderme de tus cosas verdes y pardas que disparan, impasibles, inamovibles, el disparo que me dejaría de por vida postrada, sólo capaz de observar tu movimiento, atenazada por ese disparo que anuncia tu incapacidad de abrirme la puerta y mi incapacidad de entrar y cerrarla tras de mí.
Las olas se calman. La sal purifica. Cronos ya no devora, sosiego, desmemoria y brisa verde hacen la espera más cálida en mi tejado.

miércoles

Espejo

Soy profecía de harapos retirados del derecho de agitarse al viento. Acción pasajera inócua, catársis de la no astricción: parada y pausa.
Olores diluídos, ausencia incompleta. Soy mucha nada. Mucha paciencia y piedras. Ruído de nueces.
He visto la luz iluminar otros propileos, y la falsa trompeta del mundo entonar en templos a favor de la barbarie. Por eso me quedo en poco, la demora de no ser nada hace más débil el crugido de mi sofoco.

lunes

La venganza de Octubre.

Hace hoy exactamente mucho tiempo que hablo casi sin voz. Llevo un tramo de camino de piedra en el que no veo que forma tienen las cosas que quiero contar. Se me está haciendo difícil y lánguido. Hace que me colme.
Es ahora, en este momento en el que no hay más que un lago en calma, en el que nada parece moverse, ni si quiera yo, en el que me doy cuenta de cómo se movía todo antes de.
El estatismo está violando mi pronto, me está agarrando las pestañas, las amarra al sol. Y me duele la luz. El estatismo me hace sentir cansada a cualquier hora del día. Las noches no son distntas a las mañanas salvo por la luz, mi voz es un hilo, a cualquier hora del día.
El miedo que me provoca es que haya un de repente.
Que gire.
El ruído.
El movimiento repentino tras la calma aparente.
Pero como no es tan sólo calma, como no es únicamente quietud, es como una espera que me astilla el pecho a veces porque el escalón donde reposo mi escéptico trasero se está volviendo pétreo y helado. Me expulsan de aquí. Me decido a irme yo, porque donde no se mueve el mundo yo pierdo el equilibrio, porque no se si voy a poder parar a su ritmo. Dar ese frenazo en seco que arrastra sudor frío a lo largo de la nuca. Qué controversia entre todas las mujeres de mi interior, pero qué curiosa la voz única con la que braman y comentan qué tipo de cosas son las que no puedo hacer.
La mierda es la mierda, a la velocidad a la que vayamos todos.
Y si se algo no es que no sepa nada, sino que sé poco. Porque sé, y yo sé que sé, y mis mujeres saben que sé, pero el todo es un cuadro de subjetividad que no cuelgan en todos los museos del mundo.
Qué pesadilla. Siempre buscando el ruído, siempre buscando un secreto, con el ombligo cada vez mas oscuro y más pequeño, mi humanidad está en crisis, y la lengua se me está hinchando, tanto que me la muerdo hasta cuando pienso, y es cuando empiezo a cambiar de opinión. Eso de que algo sé, se convierte en que creo que no sé nada y que si pudiese saber menos que nada, sabría menos. Ahí empieza a dar igual, ahí llega la apatía, el no discernimiento entre lo que me hace vivir y lo que me hastía. La verdadera invasión de la falta de movimiento.
Ahí está el inicio de mi pensamiento en tí, y en ella, y en él, y en ellos, y en las puertas que se abren, y en las que se cierran, en los saltos que uno da, ya sea hacia adelante o hacia atrás, y pienso en que en medio de toda esta quietud, puede que sí que me haya movido, que no lo haya notado, y que los años, los meses y las horas muertas me han sentado frente al mar, el viento ha soplado y a mi se me ocurren las cosas que podrían haber sido al revés.
Entonces pienso que efectivamente, todo ha sido siempre al revés. Nada está al derecho.
No hay motivo para que, pero aunque no siempre es así, lo busco, lo busco entre papeles y cosas que no sirven, el estado erecto de las cosas, la situación puntual.
Me aburro del estatismo, pero lo busco en todas partes.
Estoy en duelo conmigo misma.
Mis mujeres abuchean.
Hacen ruido de nueces al romperse.
Sus hielos contra mi cristal diluyen a base de tiempo toda la clarividencia que creí poseer por derecho.
Y mi esencia cambia cada vez que percibo un nuevo cambio de movimiento en este perpetuo mundo.
La desgracia es que no paro de buscar un nombre, una sentencia, inevitablemente pensando que la denotación de las cosas me hace más segura ante ellas, como si conociese el miedo a algo que nunca haya vivido, tan sólo por bautizarlo y poder escribir su nombre. Qué. Pues nada. Porque un nombre se queda en nada. Placebo.
Placebo de la seguridad.

Malditos sean los pronósticos, los enunciados y las definiciones.

Quiero volver a fluir, aunque nunca he dejado de hacerlo, siempre ansío en cierto modo un retroceso, porque la vuelta atrás simboliza un camino más seguro y reconstruído, incluso agradable, bello y exitoso. Atrás no más, atrás no más, las mujeres de nuevo se excitan consigo mismas, y yo comienzo ahora a plantear sobre mi mesa el esquema del no retroceso, del movimiento nuevo e inesperado, sin errores, improvisar una casa de plomo sobre una ciénaga, me vuelvo un poco escéptica en ocasiones, pero lo planifico, porque como del estatismo, me aburro también del retroceso.
Cáncer.
Me siento como un Buendía, marcada por algo que no está en mi mano pero que se transparenta en mis iniciales. Me siento como la Maga, no puedo encontrarme del todo. Me siento a esperar de nuevo, en medio de ese estatismo que me desquicia, porque antes que el retroceso, sopeso la espera, espero las ideas que me hagan desdoblar a mis mujeres, espero la diferencia entre las mañanas y las noches, mientras mi cabello crece y mis ojos se van cansando.
Sólo tengo que encontrar una silla bonita, y alguien con quien hablar de lo que no puedo hablar ni conmigo misma.


miércoles

Zwei

Sendero de lírios seré
bajo la piedra que bajo mi pie
monte escarpado a simple vista
se ve.

Canción para sordos,
llover,
el sol nacer
ante los clavos de mi rescoldo.

Por más que los vientos aturdan
y el flujo al cuello se aferre,
por más que mis manos erren,
no seré yo, ni serán mis órganos,
ni serán mis derrotas ni enemigos mundanos
los que mi devenir confundan.

No será otra daga
la que se hunda en mi pecho,
ni otra llama
la que me haya desecho,
que aquella de la gran Maga,
la que vive hasta en los sueños,
la que nace cual miembro a uno ligado
para llevarlo a ras del suelo,
como un candíl iluminado
hasta la sombra de la hastiada nada,
hasta emprender el retorno del camino una vez hecho.